Mi medianoche findeañera
Hay tres formas de recibir el año: despatarrados a toda fiesta, bien arrepollados entre las cobijas, o desde la casa alucinados ante los fuegos artificiales…
Es Navidad: ¡felices chunches!
La Navidad moderna dejó de ser la del Niño Dios para convertirse en la del Niño Chunche. En la de las compras frenéticas que se meten y apretujan en una casa donde ya no cabe ni el espíritu santo amén.
Espantando a la ñata
Desde que uno cumple 80 ya no envejece: entra en estado telúrico existencial. En modo sirena de ambulancia. De pitidos de monitor.
A salto de mata
Hubo un tiempo en que uno salía de la casa con una llave, los pases del bus, el peine y una fe inocente en la humanidad. Sin temor a estafas, noticias, “fake news”, asaltos en moto, “influencers” apocalípticos, “hackers” y TikToks prediciendo “un peor mañana”.
No es mi culpa: ella empezó.
Lo juro por mi marcapasos emocional: yo iba por el supermercado con la inocencia que da mi edad avanzada –o eso creen– cuando apareció aquella criatura fabricada, evidentemente, en un laboratorio secreto de gimnasios.
Yo, el chico “antiage”
Como todo el mundo vive hoy la histeria “antiage”, hasta los jóvenes, aquí ando yo también ya en los mismos trotes, frotes y retoques. Les explico para que no me crean medio chalado haciendo hoy una cosa y mañana otra.
El duelo del diputado saliente
La Asamblea Legislativa ya huele a incienso. En menos de seis meses, sus ilustres próceres devolverán las llaves de lo que para muchos fue el paraíso terrenal…
Mi Yo intrigante
Que nadie se quite el tiro, pero usted, yo y todos llevamos dentro un Yo intrigante. Ese diablillo interior que convierte la vida cotidiana en un exquisito teatro de juicios secretos contra el prójimo.
El Dios Mamón
Hasta entre los infinitos dioses del hombre hay también un “patito feo”. El dios al que me refiero no necesita templo ni cruz, porque su santuario está en los balances financieros: se trata de Mamón, el de los ricos, tan bíblico como el pan.
Mi gran salto existencial
El avance tecnológico es hoy día tan vertiginoso que de nada me sirve ser longevo si voy a vivir como un paria digital. No me veo empollando años en una mecedora en medio de la turbulencia cuántica que se avecina y nos arrasará.
Les presento mi nueva cara
Desde que descubrí que los humanos tenemos doble cara, la auténtica y la fingida, me propuse eliminar una. ¡Ejem! Se trata de la cara biológica con la que nacemos, y la social con la que crecemos, ambas diametralmente opuestas.
Prohibido suspirar sin permiso del TSE
El TSE ha degradado la Constitución Política a Manual del Terror Electoral. Toda una censura con traje de Frankenstein cuyo lema parece ser «Prohibido ser presidente sin decidirlo yo.»
De novias a tecnovias
En mis tiempos aquellos, enamorar a una chica era casi una operación de guerra. Uno no sabía si estaba entrando a un noviazgo o a un campo minado. Me perfumaba bien con «Old Spice» y me preparaba…
Yo, sin mando ni mundo
Acabo de descubrir que en casa ya no mando ni estando solo. Ayer me urgía imprimir algo, pero la impresora, con sus ínfulas de diva, se me rebeló. Siempre que está de malas pulgas me hace la misma escenita: activa todas sus luces e intermitencias para confundirme e hiperventilarme.
El club de los sexochentos
Hoy vengo muy contento porque acabo de asistir, como invitado de honor, a la reunión privada anual de ochentones. Privada porque al final todos nos dormimos…
El espectáculo de dormir
Nada existe en este mundo que nos haga más auténticos a los humanos como el acto de dormir. Es la única función natural cuya esencia el hombre no ha podido aún desvirtuar, como ya lo hizo con las otras: hacer el amor, alimentarse, ir al baño...
Réquiem al tico frijolero
Ninguna pareja joven ni persona sola que trabaje puede darse hoy el lujo de cocinar el clásico ollón de frijoles semanal. Si acaso el par de huevos revueltos sin pinto ni maduritos para el desayuno porque tienen que salir como cachiflín hacia la oficina dejándolo todo tirado y revolcado.
Siguiente parada: la eternidad
Les voy a pasar hoy aquí un santo: parece que, de verdad, podríamos ser inmortales. Ya lo habían insinuado, desde la noche de los tiempos, religiosos, filósofos, metafísicos y ocultistas, pero ahora… también científicos.
De mis tiempos idos
–¿Dónde estabas, hijo?
–Afuera viendo los carros pasar.
Imagínense por un instante todo lo que nos dice esa simple frase cotidiana de aquellos años 40 y 50 del siglo pasado. De cuando había tan pocos carros en San José que verlos era todo un acontecimiento social y familiar.
Mis compras de la semana
Cada vez que salgo de compras me blindo de «ranger». Así vaya solo por culantro, tacacos o empanadas. Respiro profundo, cierro los ojos, me concentro y, con arrojo y determinación, lanzo mi grito íntimo de guerra: «Pelearás y triunfarás».