Yo, el último presidente
Tengo todo planeado para convertirme, en 2030, en el último presidente de Costa Rica.
No en el mejor, ni en el peor y ni siquiera en el más recordado. Me conformaré con ser el último.
El 8 de mayo de ese año, cuando la presidenta doña Laura Fernández me entregue la banda presidencial, pondré en marcha una reforma institucional de los diablos.
Tras décadas viendo cómo gobiernos, oposiciones, sindicatos, cámaras empresariales, grupos de presión, asesores, burócratas y opinólogos profesionales convierten cualquier solución en un problema y cualquier problema en una comisión, he llegado a una conclusión divina:
El principal obstáculo para administrar bien el país han sido los administradores del país.
Ante semejante realidad, fundaré ese mismo día, en ese mismo instante, la República Libre Inteligente.
Su gobierno estará a cargo de un Reactor Cuántico Nacional alimentado por inteligencia artificial, superconductores, algoritmos y una paciencia infinitamente superior a la de cualquier ser humano nacido entre Peñas Blancas y Paso Canoas.
Dicho en sencillo, un único cerebro electrónico administrará el país las veinticuatro horas del día sin almuerzo, sin viáticos, sin incapacidades, sin asesores y sin reuniones para coordinar futuras reuniones.
Concluida la ceremonia de traspaso al mediodía, a las 12:01 p.m. el reactor asumirá el control absoluto de la nación.
Lo hará, como corresponde, regido por su propia Constitución:
Artículo 1: Todo problema será resuelto.
Artículo 2: Si no puede resolverse, no es un problema sino una excusa.
Artículo 3: Reléase el artículo 2.
A las 12:01 y tres segundos habrá digitalizado el Estado.
A las 12:01 y cinco segundos habrá fusionado las 317 instituciones públicas.
A las 12:01 y siete segundos habrá eliminado 327 mil plazas públicas.
A las 12:01 y ocho segundos los exfuncionarios públicos habrán pasado a formar parte de la ciudadanía común.
A las 12:01 y nueve segundos comenzarán a quejarse.
Ministros, viceministros, diputados, magistrados, embajadores, presidentes ejecutivos, asesores, juntas directivas, comisiones, subcomisiones y demás especies protegidas serán ascendidos automáticamente a la categoría de costarricenses.
En ese mismo segundo aparecerá un mensaje en mi teléfono:
“Estimado señor presidente: su puesto ha sido declarado innecesario. Gracias por sus servicios”.
Así concluirá mi gobierno: en 69 segundos.
Confío, al menos, en que el reactor me deje como su “oficial de mantenimiento” a cargo de echarle agua, pasarle el plumero antiestático, limpiar las pantallas y desparasitarlo de virus informáticos y restos fósiles de politiquería.
A partir de ahí comenzará el verdadero milagro.
En cuestión de segundos, el reactor habrá simplificado el sistema tributario, rediseñado la red vial nacional para los próximos cien años, concluido los estudios de factibilidad de todas las obras pendientes y adjudicado con transparencia todos los proyectos.
Las carreteras serán reparadas antes de que aparezcan huecos, los puentes serán inaugurados después de construidos y los expedientes aparecerán exactamente donde fueron guardados.
Los presupuestos cuadrarán y se ejecutarán durante el año correspondiente, las citas médicas llegarán antes de la enfermedad y la palabra “chorizo” sobrevivirá únicamente como producto alimenticio.
Convencido de que todas terminan produciendo políticos en cantidades industriales, el reactor declarará ilegales las ideologías existentes.
Serán abolidos, por lo tanto, todos los “ismos” conocidos o por inventar. (Liberalismo, socialismo, conservadurismo, progresismo, populismo…).
La única doctrina oficial será el “funcionalismo” bajo la simple consigna de que “si funciona, se hace”.
Como es de esperar, surgirán rebeliones y movimientos clandestinos.
Entre otros, de “La izquierda caviar S.A.”, “Los nostálgicos de la burocracia”, “La Unión de Bares Patrióticos” y la “Corporación Nacional de Magistrados VIP (Vitalicios e Intocables de Profesión)”.
Pero el reactor sabrá perfectamente la tusa con que se rasca el burócrata al punto de que entre ambos se producirán diálogos como este:
Burócrata – Reactor, necesito una incapacidad de tres días.
Reactor – Sus signos vitales son normales.
Burócrata – Mi agotamiento es espiritual.
Reactor – Detecto que usted se encuentra entre chicas en una parrillada con música en vivo.
Burócrata – Eso forma parte de la terapia.
Reactor –Terapia aprobada. El costo será deducido de su salario por no estar cubierta por la seguridad social.
Así las cosas, con el reactor poniendo todo en su lugar, los antiguos héroes nacionales y beneméritos de la patria serán sustituidos por nuevas figuras.
San Excel de las Cuentas Claras, patrono de la contabilidad transparente; Santa Fibra Óptica de la Conectividad Perpetua, protectora de los trámites instantáneos y San Algoritmo de la Optimización Continua, mártir de las contraseñas olvidadas.
Con nosotros los ciudadanos como los primeros en lograr la vieja fantasía humana de vivir en el país de Alicia.
Prodigio exclusivo de un terrible defecto: hacer que todo funcione.
Y para el que, creo, ni yo estaré preparado.