Ultrasonido del tico-ticón
Con la idea de entender mejor lo que se esconde detrás del “pura vida”, esta columna sometió al tico ticón a un ultrasonido profundo de esos que no solo escanean órganos, sino mañas, varas, mates y teleles.
Tratándose de una prueba donde el palanganeo se vuelve idioma, el resultado no fue, como era de esperar, una imagen fija de esas que ves y se te aclara la duda.
El escaneo detecta más bien a un experto en moverse sin llegar, a alguien que, a pura gimnasia verbal, esquiva el impacto frontal y le baja el volumen a la realidad… por “siaca”.
A continuación, mis hallazgos.
1-El tico llega a donde el médico porque algo le duele y este, con precisión científica, le pregunta:
–¿Cómo se siente?
Y el tico, con serenidad sospechosa, responde:
–Más o menos.
O sea, no está bien, pero tampoco mal; no es grave, pero por algo vino; el cuerpo sufre, pero la lengua negocia.
2-Uno pide un favor sencillo y la respuesta no es ni sí ni no, sino ese poema circular tan nuestro:
–Vamos a ver a ver.
Dos veces ver, ninguna acción, cero movimientos.
Me pasaba con una empleada a la que cuando le pedía frijoles negros escabechados me respondía “vamos a ver a ver”.
Todavía los sigo esperando con antojo de güila.
3-A propósito, al tico no se le puede exigir una respuesta de “sí o no” porque se desgobierna.
Entonces entra, con todo, en modo palangana: gira, reflexiona, contextualiza, recuerda a la tía, evalúa escenarios futuros y al final…nada.
Decidir es arriesgarse, y arriesgarse es exponerse a fallar. Entonces, mejor orbitar sin aterrizar.
4-Cuando la presión aumenta, aparece el clásico…
–Dejame pensarlo y te aviso.
Ese “pensarlo” puede durar semanas, y el “aviso”, si llega, llega tarde, como casi todo y cuando ya no importa.
5-En oficinas, reuniones y sobremesas, el plural mágico del tico se impone:
–Lo estamos analizando.
Un análisis sin análisis, sin plazos y sin resolución, pero con una seriedad que espanta.
6-Y, bueno… si de dinero se trata, la evasión se vuelve arte fino:
–No lo maltrato.
No dice cuánto, pero tranquiliza.
Después llega la factura y uno confirma que el maltrato no solo existía, sino que fue personal.
7-El estado natural del tico ticón es el limbo de lo impredecible:
–Lo más seguro es que quién sabe.
Arranca como sentencia y termina como humo dejando a todos al bate, sin bate y sin pitcher.
8-Expresión “prima hermana” de la anterior, pero con más ímpetu:
–Dejame darle vuelta al asunto.
Caso perdido, por supuesto, porque el tal “asunto” queda girando para siempre como media zonta en secadora.
9-Cuando alguien necesita una respuesta concreta, el tico ofrece siempre una promesa elástica:
–Ahí veremos.
Ese “veremos” no ve nada, es compromiso de chicle: se estira y se encoje hasta reventarse.
10-Cuando la pulsea para que otros hagan lo que le toca y lo agarran en curva:
–Me cortaron el teléfono, la doña estaba con la depre, nadie me avisó.
11-Cuando hay conflicto emocional, la reacción exprés es:
–Pura vida, mae.
Y no, no todo está pura vida, pero decir lo contrario es todo un tema y eso ya es demasiado.
12-Ante lo urgente, la joya nacional:
–Claro que sí, veámoslo despuesito.
Ese “despuesito” es el punto final disfrazado de coma.
13-La puntualidad, ese mito colectivo:
–Ya casi llego.
Puede estar saliendo, todavía bañándose o considerando salir. Ese “casi” no mide distancia sino intención.
14-Para quitarse a alguien de encima de un solo “tacacazo”:
–Dame un segundito, ya ya llego. ¡No te me vayás!
Y aquel que espera se convierte lentamente en monumento patrio, testigo inmóvil del tiempo tico.
15-Y finalmente, la unidad mínima de acción nacional:
–Ahorita.
Palabra que contiene pasado, presente y futuro.
Promesa perfecta que nunca falla porque nunca se cumple.
Mi diagnóstico final:
El tico ha desarrollado un sofisticado mecanismo para suavizar la realidad, esquivar el conflicto y posponer la certeza.
Tal vez el problema no es que no decida, sino que se siente mejor sin decidir.
Una zona de confort tan cómoda y sabrosa que ya nadie quiere salir de ella.
Y, aun así, el país camina.
Ni bien, ni mal.
Más o menos.