¿Quién da más por la justicia?

¡Silencio!

En este instante me encuentro a punto de transmitirles “en vivo” un hecho insólito: la subasta del Poder Judicial.

El lugar es un salón de madera vieja y olor a naftalina de los años ochenta.

Está repleto.

Postores con cara de “negocio” en las primeras filas, operadores políticos, abogados de bufete caro y lobistas en el medio, y periodistas en la última fila fingiendo que toman apuntes.

Acaba de entrar el martillero con toda la pinta del juez de Tres Patines: bigotito mal afeitado y toga dos tallas grandes, pero con hombreras para verse imponente.

Sus ojos van del público a la gaveta sin pasar por la conciencia.

Habla rápido y golpea el mazo contra la mesa como diciendo “silencio, que aquí el que subasta manda”.

Va a empezar la sesión.

–“Ante la evidente quiebra moral del sistema, sacamos hoy a remate público, en primera convocatoria y libre de gravámenes éticos, a todo el Poder Judicial de la República”.

El salón estalla de la emoción.

Subidos al podio, la puja arranca con fuerza:

–¡Damos inicio con el Lote Uno: un ¡Combo de Magistrados Premium!

La concurrencia pela los ojos y se frota las manos.

–Vienen con blindaje de fábrica, inmunidad a la prensa y resistencia total a la rendición de cuentas.

Murmullos de entusiasmo y cruce de miradas entre los presentes.

–¡Salen con una base de tres pensiones de lujo! ¿Quién ofrece más?

Todos abren maletines, se palpan los bolsillos, se abanican con los fajos de billetes y carraspean.

–Tengo oferta del caballero de la primera fila por tres pensiones de lujo y un blindaje mediático permanente. ¡A la una, a las dos…martillazo!

Escándalo en la sala. De nuevo, el subastador la hace retumbar con otro mazazo.

–Seguimos con el Lote Dos: ¡el Archivador de Oro de la Fiscalía! Equipado con el temporizador patentado de “prescripción automática”.

Revuelo en el recinto. Otro mazazo.

–Garantiza engavetar cualquier mega-chorizo los años exactos necesarios hasta que venza el plazo legal para juzgarlo. ¡Duerma tranquilo mientras la justicia prescribe!

Emoción en las “graderías”.

Alguien de la audiencia grita:

–¿Base?

–Un almuerzo en hotel cinco estrellas y una promesa de ascenso para el fiscal del caso. ¡A la una, a las…! ¡Vendido al consorcio El Soborno S.A.!

Desconcierto en la sala de subastas, sobre todo entre los que reaccionaron tarde por está viendo la minifalda que entró con un vaso de agua para el martillero.

–Lote tres: Atención señores. Viene plato fuerte. ¡Sacamos a remate un Magistrado de Colección con 50 años de servicio! Poco uso, mucha experiencia en mirar para otro lado, archivar expedientes y aceitar el sistema.

Se alborota el cotarro entre los postores a quienes el bien les cae de perlas.

–¡Arrancamos la puja! ¿Quién da más por este campeón del inmovilismo? Base: ¡una súper pensión vitalicia de esas que quiebran al Estado!

Remolino de ofertas en el aire.

–Tengo oferta del fondo. Un político investigado ofrece una consultoría fantasma. ¡Tengo más! Un gran empresario ofrece un palco VIP en el estadio. ¿Quién da más? ¿Nadie?

Expectación total.

–¡Palco VIP a la una! ¡Palco VIP a las dos…! A ver ese canto, señores, que se nos va el maestro del archivo. ¿Nadie mejora la postura? ¡A las tres!

Golpe de martillo.

–Adjudicado al capo de la fila cuatro. Felicitaciones don Capo, se lleva usted el mejor escudo legal del mercado.

Aplausos (no sé para cuál de los dos).

–Y cerramos la tarde, señores licitadores, con la joya de la corona. ¡La Sala Cuarta a la carta! Jurisprudencia creativa de la más alta gama.

Tensión en el salón.

–Con todas sus sentencias para declarar inconstitucional el sentido común o el código de ética.

Ovación de pie por parte del público ante este nuevo lote.

–Arrancamos la puja por el control del olimpo constitucional. Base: la mitad del financiamiento de la próxima campaña electoral. ¿Quién mejora la postura?

Tumulto total. Histeria.

Al martillero se le arratona el brazo de volar mazo.

Arrecia el olor a billete fresco de dólar.

–¡Sube la oferta del sindicato más fuerte! ¡Mejora el consorcio piñero! ¡Tengo al magnate de los autobuses! ¡A la una, a las dos…y a las tres! ¡Adjudicada la Carta Magna al caballero del monopolio privado!

El martillero da tal golpe a la mesa que casi la parte en dos.

–No habiendo más ofertas, se declara el Estado de Derecho totalmente privatizado.

De pronto, veo al ujier acercarse corriendo a advertirle que el remate es ilegal y viola la Constitución.

El subastador, guardándose los fajos de billetes en el saco, sonríe y le dice:

–¿Y quién nos va a juzgar, mi estimado? Si los dueños de los jueces…ahora somos nosotros.

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