El nombre es lo de menos
Hubo un tiempo en que la relación amorosa venía en paquete sellado y con lazo.
No había que elegir mucho: te casabas, te rejuntabas o te resignabas. Punto.
Hasta que un día de tantos, de repente, el romance detonó en un “big bang” de pasiones a la carta y el mundo cambió.
¿Qué le había pasado al amor?
Bueno…al amor, nada, sino a quienes pisan su campo minado, pues tras tantas caídas, nadie quiere tirarse ya sin leer bien la letra menuda.
No porque el corazón se haya roto, sino porque aprendió a cubrirse y ahora ama con casco y rodilleras.
La mujer golpeó la mesa, la tecnología convirtió el amor en vitrina, la religión perdió fuelle y hasta el trabajo metió la cuchara.
¿Resultado?
El amor se rodeó de múltiples salidas de emergencia a través de una rica variedad de relaciones que volvieron el mundo moderno una puerta giratoria.
Así las cosas, en el gran escaparate del amor, usted podrá elegir hoy entre las más diversas modalidades románticas.
A ver por cuál de las siguientes se anima:
La de “fines de semana” es perfecta para el mundo corporativo: amor concentrado todo incluido, lunes libre.
Para esos vínculos sentimentales modernos tenemos la “relación en modo avión”, ideal para amar sin explicaciones.
Nada despreciable es la conocida como LAT (Living Apart Together): pareja estable en casas separadas.
Una muy cotizada en el mercado del amor es la del “cariño de bajo compromiso”, o sea, afecto dosificado, ternura ocasional y promesa tácita de no complicarse la vida.
Otra que está al alza es la del “arrime existencial”, una suerte de aproximación afectiva en la que no siempre hay amor, pero sí refugio.
En cambio, los enamorados reincidentes son fanáticos de la opción “afecto reusable”, cariño que se recicla tras rupturas o pausas.
La más funcional quizá sea la del “apego con cláusula de salida”, porque se ama con la puerta entreabierta.
La más espontánea es, a mi juicio, la del “deseo de horario flexible” porque las ganas no siempre caben en la agenda.
Otra que parece coger cada vez más fuerza es la de la “conexión carnal no alineada” en la que los cuerpos se entienden mejor que las ideas.
Y bueno, para un tipo de relación bombástica, tenemos el “poliamor”, combo de vínculos afectivos consensuados y visibles.
Otra opción en cartelera es la del “erotismo con vocación nómada”, es decir, deseo que se manifiesta siempre en tránsito, en el cruce breve, en la intensidad del paso sin intención de quedarse.
¿Y qué me dicen de la “relación tácita”, aquella en la que nadie define nada, pero todos entienden?
La “experimental” es la favorita de los cuarentones: probemos y vemos.
Una, ocasional, pero veloz y feroz es, sin duda, el “amor en tránsito”, de parejas que se conocen en aeropuertos y coinciden en vuelo y destino.
De las más picantes…la “monogamia retráctil”, menú libre con exclusividad emocional impredecible.
La variedad “situationship” es como estar entre “camagua y elote”, o sea, ni pareja ni casual, zona gris con wifi pasional.
Finalmente, para los muy tecno, la modalidad “persona amada en estado cuántico” es hoy tendencia.
Porque hasta que no se observa, es todo a la vez, y cuando se observa…ya cambió.
Como ven, demasiados nombres para un mismo temblor.
Al final, entre tanto nombre nuevo, el amor sigue siendo ese error feliz que ocurre cuando dos personas sienten…antes de ponerse de acuerdo en cómo llamarlo.