Si la realidad no existe… yo tampoco
Durante toda mi vida cometí un tremendo error: creer que la realidad existía.
Pagué facturas porque existían, madrugué porque existía el reloj, respeté semáforos porque existían los carros, le hice caso al jefe porque existía el despido.
Pero resulta que llevo años leyendo físicos, filósofos, neurólogos y psicólogos…y ninguno termina de convencerme de que eso que llamamos “realidad” sea tan sólida como parece.
Mientras logran ponerse de acuerdo, he tomado desde hoy una decisión responsable: dejar de hacerle caso a la realidad.
Como no existe, yo tampoco tengo por qué existir cuando me exija deberes y obligaciones.
Cuando Hacienda me cobre impuestos responderé que el “yo” que los debía desapareció hace varios millones de células.
Si el color rojo no existe porque es una interpretación cerebral de ciertas longitudes de onda, cuando el semáforo crea que está en rojo seguiré avanzando.
El reloj ya no me mandará más, pues como el tiempo es relativo llegaré dos horas tarde y exigiré que se me juzgue desde la perspectiva de un satélite GPS.
Como algunos científicos dicen que, en el mundo de lo muy pequeño, las cosas pueden mantenerse en varias posibilidades antes de decidirse por una, he llegado también a la conclusión de que el estado de cuenta de mi tarjeta de crédito todavía no ha decidido si está pagado o no.
Y cuando el banco me reclame, le pediré unos días más para que la realidad termine de resolver el asunto.
Tampoco volveré a hacer dieta, pues el cuerpo que subió cinco kilos ya no es exactamente el mismo y no considero elegante hacer pagar a un cuerpo nuevo los excesos de uno antiguo.
Como la memoria reconstruye constantemente el pasado, cualquier préstamo que me hayan hecho pertenece a una versión antigua de mí mismo.
Si Einstein pudo poner en duda el tiempo, no veo por qué yo no puedo poner en duda mis 81 años. Mientras la vaina se aclara, seguiré cada año estrenando 40.
Si los colores no existen porque es la luz la que miente, entonces mi camisa hawaiana en la boda de etiqueta de hace poco no fue una “polada” ni nada de mal gusto.
Si según mi amigo Platón vivimos en una caverna viendo sombras, la cuenta de luz es solo la sombra de un electrón. Ergo: la realidad es la idea, y la idea es no pagarla.
Si el universo entero está hecho casi totalmente de espacio vacío, mi clóset no está desordenado sino admirablemente ventilado.
Si ante toda esta rebelión mía la realidad vuelve a tocar mi puerta, fingiré que no estoy, pues si ella puede ser una ilusión, yo también.
Más aún: si la realidad sigue sin identificarse plenamente, yo mismo me declararé oficialmente inexistente.
Y si algún día la realidad logra demostrar que existe, prometo volver inmediatamente a pagar mis deudas, obedecer los semáforos y ordenar mi closet.
Mientras tanto, que tenga la amabilidad de respetar mi decisión, porque hasta donde he podido averiguar, ella tampoco ha presentado todavía su certificado de existencia.
Aprovecho la oportunidad para informar a los lectores que, ante esto, he fundado el PARE (Partido Anti-Realista Existencial) cuyo lema es “PARE…antes de aceptar la realidad”.
Por razones obvias, nadie pudo asistir al acto inaugural.
Si desea afiliarse, no haga absolutamente nada.
Y si la realidad insiste en decir que usted nunca se inscribió, será la mejor prueba de que nuestro movimiento va por buen camino.
En fin, si esta columna existe, espero que la haya disfrutado.
Y si no existe… deje de leerla inmediatamente.